“Organiza tu ambiente y organizarás tu mente.”
Anónimo.
Si alguna vez algún sonido, alguna canción o alguna melodía te movió algo por dentro, eres capaz de comprender por qué la música es inherente al ser humano, es decir, que forma parte de tí, de tu condición humana. Es una necesidad vital, una capacidad sensorial que, me atrevo a decir, tenemos todos los seres vivos. En el caso de las personas, enriquece y puede equilibrar o desequilibrar nuestro mundo simbólico, emocional, sentimental, y afectar positiva o negativamente a nuestras características psicológicas y conductuales y a las del entorno. Nos afecta de forma consciente e insconciente, por lo tanto he aquí el misterio: sentimos la música y por ello pasa a ser parte de nosotros, pero muchas veces es por medio de un proceso que no podemos controlar voluntariamente.
Todo esto es algo en lo que se ha creído desde antes incluso de ser bípedos. En las civilizaciones antiguas de las que mayoritariamente provenimos, la música era utilizada en procesos de curación, mantenimiento de la salud, conexión con el mundo espiritual, tratamiento de enfermedades mentales o desórdenes emocionales, en acontecimientos claves para cada cultura o con fines lúdicos colectivos o de recreación personal (estética).
En el caso del resto de seres vivos, son cada vez más numerosos los estudios sobre el efecto de la música en animales, en el crecimiento vegetal y en el agua. Aquí tenéis algunas de las investigaciones a modo de pequeña muestra de distintos caminos existentes, pero si el interés crece, podríamos profundizar en lo que os llame más la atención.
En animales podéis tomar un primer contacto con el trabajo sobre el efecto de la música en perros, de Stanley Coren, y con el de Daniel Blumstein de la Universidad de California (UCLA), que recientemente concluyó un estudio basado en la relación entre la música discordante y/o distorsionada con los sonidos de animales aterrorizados -razones por las cuales este tipo de música tenía un efecto parecido en las personas-.
En cuanto a las plantas, Pioneer está actualmente investigando la influencia de las vibraciones sonoras en el ritmo de crecimiento de ciertas especies vegetales.
Por último, no sé si habréis oído hablar del libro de Masaru Emoto “Mensajes del agua”. Es particularmente curioso porque nos abre a aspectos imperceptibles como son las formas de cristalización de las moléculas del agua (no podemos verlas sin ayuda de microscopios potentes), en función de varios estímulos, entre ellos la música.
Llegados a este punto (si has llegado hasta aquí eres una mente inquieta -¡bien!-), no cabe duda de que la música lleva consigo, entre muchas otras cosas, unos componentes misteriosos, es decir, elementos que no podemos controlar, y que influyen en nuestro ser. Y comprender esto es la esencia para creer en la musicoterapia como un proceso de ayuda a través de la música como herramienta. Esto es lo que nos une a los que decidimos una vez dedicar buena parte de nuestra energía a la música y a confiar en ella como principal lenguaje comunicativo universal.
Si quieres puedes contar tu experiencia musicoterapéutica personal o ampliar esta entrada con nuevos estudios que conozcas o simplemente, dar a conocer tu punto de vista. Compartir es vivir y aprender. ¡Ánimo!
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