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jueves, 10 de enero de 2013

Musicoterapia en la Cárcel (Vol.II: Primer Plato)


¡Feliz año nuevo!

Vuelvo. 

Después de la entrada anterior creo que es de suma importancia hablar de los objetivos de la intervención, pues constituyen la esencia del trabajo musicoterapéutico. En ese caso distingo entre objetivos físicos y psicológicos porque ambos aspectos se trabajaron paralela y equilibradamente y las actividades se secuenciaron intentando ser fieles a ese equilibrio. Como abordar ambos tipos de objetivos harían de esta una entrada con alto riesgo de no lectura, hoy sólo me centraré en los físicos.

Así que, entre los objetivos físicos para la el trabajo musicoterapéutico, encontramos:

Al verse afectados los sentidos durante el internamiento penitenciario debido al hacinamiento en un lugar espacialmente y visualmente muy limitado, intenté proveer un enriquecimiento cromático, es decir, aportando estímulos visuales utilizando instrumentos de gran riqueza de colores y formas y ofreciendo la posibilidad de contar con una gran variedad de materiales arteterapéuticos que expandiese las opciones de recrear imágenes mentales.
- Desarrollar la imaginación y el lenguaje simbólico dirigido a elaborar imágenes mentales que despierten el resto de los sentido. En especial, el olfato y el gusto se ven muy afectados en prisión por el uso de sustancias para la higiene como desinfectantes o geles neutros, el tabaco, la comida -"a menudo insípida, o sin algún sabor reconocible", como uno de los presos afirmó en una ocasión-.
-  Ofrecer una riqueza tímbrica que les evada de la contaminación acústica involuntaria a la que están sometidos en su mayor parte por las infraestructuras y seguridad de la prisión. También es una oportunidad para sumergirles a sonoridades nuevas a través de la escucha de instrumentos de otras culturas, así como poder tocarlos. 
- Favorecer el desbloqueo corporal, muscular y postural sobre todo. Es uno de los objetivos físicos que más poder tiene y a través del cual el preso nota los efectos musicoterapéuticos de forma más instantánea. Movimientos rítmicos, expansión de gestos corporales, danzas o la forma de tocar determinados instrumentos proporciona un estado de conciencia de las tensiones y anquilosamientos corporales propios. Además, favorece el riego sanguíneo y oxigenación cerebral, por lo que la percepción se altera en cuanto a que se abren nuevas vías sensitivas. Los presos sufren un deterioro físico más rápido de lo normal y un buen abordaje de este objetivo es vital para su autoestima e imagen propia. 
- Facilitar un clima donde se invite a descontraer tensiones y donde reine fundamentalmente una atmósfera de sosiego o al menos de "no juicio propio o ajeno". Donde puedan sentirse relajados y las tensiones involuntarias del cuerpo vayan amainando. 


¡Primer plato servido! Si gustan del menú o creen que falta algún ingrediente, no se retraigan, ¡pronúnciense!